
En muchas ocasiones cuando me consultais o acudís por algún «problema de comportamiento», me doy cuenta de la gran confusión que existe entre lo que realmente es un problema de comportamiento y el comportamiento que para nosotros termina siendo un problema porque es molesto o de difícil gestión. Y es que si os dais cuenta la carga del problema no es la misma; en un caso el problema lo tiene el perro, pero en otro lo tiene el tutor.
Teniendo esto en cuenta, ¿no creeis que deberíamos ser más justos con nuestros perros? No podemos cargar a nuestros compañeros con errores que no son tales solo por vivir en un entorno poco natural para ellos, teniendo que amoldarse, en ocasiones contra natura, por cosas que son molestas para nosotros o para la sociedad al no comprenderse, tolerarse y gestionarse correctamente.
Pongamos algunos ejemplos que seguro entenderemos mejor:
Si tengo o quiero tener un perro de caza, no puedo valorar como un problema de comportamiento que el perro necesite explorar y tienda a alejarse, porque va en su genética ser explorador y olfateador (entre otras tantas características). Esto no es un problema de comportamiento.
Si tengo un Border Collie, no puedo pretender que el animal se convierta en un perro tranquilo de sofá, o que no se active con el movimiento y tienda a perseguir cosas, porque también está en su genética activa e inteligente.
Si lo que decido tener es un perro pastor (sobre todo algunas razas), es difícil evitar que su ladrido no se escuche en todo el parque por la potencia que tiene, pero esto no le hace un perro reactivo o con conductas agresivas, le hace un perro que ladra como cualquier otro con un tono más fuerte precisamente porque nosotros hemos decidido realizar esa modificación genética.
Intentamos amoldar a los perros a lo que nosotros necesitamos y entendemos como «normal», y todo lo que salga de ahí lo tildamos automáticamente como perros desobedientes, agresivos, ansiosos, molestos, reactivos… y es justo en este punto cuando nosotros los humanos creamos el problema de comportamiento real en nuestros compañeros, ya que al no comprender su esencia y conocer sus necesidades básicas no las cubrimos, causandoles muchas veces sin imaginarlo graves problemas.
Y es que lamentablemente, cada vez se ve más la tenencia de «perros de moda» con los que creamos en nuestra mente una imagen idílica de lo que será tener ese tipo de raza o mestizo de raza, sin tener en cuenta sus necesidades reales y su perfil de vida . Si no somos conscientes ni nos informamos bien de qué tipo de perro podemos tener no podremos confirmar que vamos a poder atenderlo correctamente según su raza y nuestro estilo de vida, porque cuando salgan a la luz su rasgos naturales, los trataremos como problemas de comportamiento en vez de como características inherentes a su especie, y justo en este punto es cuando dejamos de ser justos con nuestros compañeros.
Siempre habrá comportamientos que podamos «moldear un poco, reconstruir o reconducir» (sobre todo cuando no son sanos para nuestro perro o sean de verdad un problema adquirido) a otros que cubran la necesidad del perro pero sean más fáciles de gestionar para nosotros, pero para esto deberás ser responsable, aprender, conocer bien el tipo de perro que tienes o quieres tener contigo y valorar si vuestra vida y la del animal son adaptables para cubrir sus necesidades y no solo las tuyas. De no hacerlo caerás en el error de muchas personas que al elegir por impulso luego no pueden atender bien al perro, haciendo de esta forma que su vida sea muy limitada y con carencias que seguro le van a pasar factura, y a ti también.
Por favor, seamos responsables. Infórmate del perro que quieres en tu vida y se realista para poder atenderlo.
Eva y Proyecto Perrete
